Y SI… no estuviéramos

La fuerza de las ONGD radica en la unión de su diversidad, de su pluralidad, de sus potencialidades y de sus capacidades. En Aragón, tenemos un volumen de algo más de 18.000 voluntarios/as, 180.000 socios/as y 140 trabajadores/as. En España, la base social supera los 2,6 millones, formada por personas y entidades socias, donantes y voluntarias.

Hay cierta sensación de desánimo entre alguna gente que se dedica a la cooperación, que contrasta con la complacencia o la falta de espíritu crítico que se puede encontrar en otra gente del ramo (y en la ciudadanía). Esto va a ambos grupos, a los/as desanimados/as y a los/as que se contentan con lo que hay.

La intención es aportar ideas para la discusión. Se impone, como primer paso, cambiar el discurso, dejando de decir que buscamos el desarrollo cuando trabajamos apenas por una pobreza más digna.

Se impone reconocer que los logros no irán más allá de las cifras habituales de éxito en estas actividades y que las excepciones son pocas veces replicables. Se impone que abandonemos la autocomplacencia con la que nos damos por satisfechos con dignificar la pobreza. Y se impone, sobre todo, que exijamos a los poderosos soluciones reales, no una aspirina.

“El naufragio: las ONG al rescate” de Gabriel Pons Cortès.

¿Qué pasaría si no existiesen las ONGD?

  • Debilitamiento de la base social. Las personas que militan en ONGD creen que un mundo más justo es posible y que juntas consiguen más objetivos.
  • Pérdida de la voz de la sociedad civil tanto en el Norte como en el Sur.
  • La población más vulnerable quedaría en el ostracismo, invisibilizados y sin voz.
  • Determinadas problemáticas sociales no serían sacadas a la luz.
  • Muchas personas no tendrían acceso a la educación y a la sanidad solo por haber nacido donde lo han hecho.
  • No habría quien confrontara ni presionara a los gobiernos y estados en relación al incumplimiento de sus compromisos políticos en la lucha contra la pobreza.
  • Las violaciones de los Derechos Humanos, las relaciones internacionales injustas y los desequilibrios del sistema serían silenciados completamente, ocultados a la población que sin saberlo participa / se beneficia de ello.
  • No se movilizarían los recursos de Ayuda Humanitaria con tanta rapidez y eficacia.

Nuestro fin último es no existir pero, actualmente, nuestra labor aún sigue siendo necesaria.

Las ONGD en positivo…

  • Contribuimos a que las personas tengan las mismas oportunidades en cualquier lugar del mundo, independientemente de dónde hayan nacido o crecido.
  • Explicamos las causas concretas que generan la pobreza, recordamos que hay responsables que la mantienen y la consienten.
  • Denunciamos las violaciones de los Derechos Humanos, el incumplimiento de los compromisos políticos en la lucha contra la pobreza, las relaciones internacionales injustas y los desequilibrios del sistema.
  • Abogamos por las relaciones comerciales justas, queremos acabar con las injustas reglas y prácticas comerciales que hipotecan el desarrollo social, endógeno y sostenible de todos los pueblos.
  • Las ONGD están más cerca del pueblo, de las personas y de las poblaciones y comunidades olvidadas que lo puedan estar la mayoría de los estados y sin que detrás haya un interés lucrativo.

Seguimos estando porque hay motivos para ser optimistas

  • Entre 1990 y 2005, el número de personas que viven con menos de un dólar al día se redujo de 1.800 millones a 1.400 millones (aunque la crisis ha incrementado esta cifra en 64 millones).
  • En los últimos 20 años, el número de niños y niñas menores de 5 años que mueren todos los días por causas prevenibles se ha reducido en una tercera parte: de 34.000 en 1990 a cerca de 22.000 en 2009.
  • El 89% de los niños y niñas van a la escuela. Aunque todavía el África subsahariana sigue teniendo la tasa de matriculación más baja, entre 1999 y 2008, el número de niños y niñas que van a la escuela ha pasado del 58% al 76%.
  • Entre 2000 y 2008, se redujeron las muertes de sarampión pasando de 733.000 fallecimientos a 164.000.
  • El número de personas que reciben tratamiento antirretroviral contra el sida ha pasado de 400.000 a 4 millones (3,5 en países en desarrollo).

Seguimos estando porque, aunque somos optimistas, todavía queda mucho por hacer…

Datos sobre la pobreza en el Mundo. El número de personas con hambre en el mundo ha pasado de 800 millones en 1992 a más de 1.020 en 2010. Se trata de un record histórico. Más de 1.000 millones de personas viven con menos de 1 dólar al día.

Educación. Un menor de cada cinco no tiene acceso a la educación primaria. Casi 900 millones de personas adultas son analfabetas, de ellas dos tercios son mujeres.

Salud. Cada día 30.000 niños y niñas de menos de 5 años mueren de enfermedades que hubieran podido ser evitadas. Más de 500.000 mujeres mueren cada año durante el embarazo o en el parto. Al horizonte del 2020, algunos países africanos podrían perder más de una cuarta parte de su población activa por causa del SIDA.

Agua y saneamiento. Más de 1.000 millones de personas no tienen acceso a agua salubre. 2.400 millones de personas se ven privadas de instalaciones sanitarias satisfactorias.

Desigualdad. 2.800 millones de personas, es decir, cerca de la mitad de la población mundial, viven con menos de 2 dólares al día. 20% de la población mundial detiene el 90% de las riquezas, mientras que el 20% más pobre tan sólo tiene el 1,1%. La evasión fiscal realizada por empresas multinacionales en África, en 2008, supuso el 7% del PIB, lo que permitiría cancelar la deuda externa de 250.000 millones de dólares y dejaría a disposición casi 600.000 millones para luchar contra la pobreza. 10 de los 15 países más desiguales del planeta se sitúan en América Latina, donde las desigualdades afectan principalmente a las mujeres y a las poblaciones afrodescendientes.

En resumen…

Las ONG para el Desarrollo hacen mucho más de lo que te imaginas: exigen finanzas éticas, promueven y fomentan el comercio justo, apoyan al fortalecimiento democrático, fortalecen los sistemas públicos sanitarios y educativos de los países, actúan en situaciones de emergencia humanitaria garantizando las necesidades más básicas de la población y fomentando la seguridad en el futuro. También trabajan presionando a los gobiernos (regionales, nacionales y europeos) para que cumplan sus compromisos y lleven a cabo políticas que fomenten el desarrollo en distintos ámbitos de actuación. Se les exige que no den con una mano lo que quitan con otra.

Además, se manifiestan y participan en diversos foros ante las más altas instancias internacionales, convirtiéndose en muchas ocasiones en altavoces de las personas menos favorecidas; educamos a niños y niñas de nuestro entorno sobre las causas de la pobreza, sus consecuencias y las posibilidades de actuación que tenemos, denunciamos la violación de derechos humanos, la venta ilegal de armas, los atentados contra el medio ambiente…

Combatimos las imágenes y discursos estereotipados de las personas de los países empobrecidos, insistiendo en que su empobrecimiento, la mayor parte de las veces es ocasionado por los países enriquecidos. Es importante destacar que todo eso lo realizamos mano a mano con miles de personas en más de 124 países de todo el mundo. El protagonismo de las actuaciones que realizamos reside en las personas de los países empobrecidos. Existen múltiples historias humanas que son un claro testimonio de nuestras capacidades y logros. Nuestras cuentas son transparentes, cumplimos con requisitos estrictos de transparencia y buen gobierno. Esta gestión responsable se la debemos a la ciudadanía que representamos.